miércoles, 11 de marzo de 2009

débil de mente

He sido transportado, el sonido ha llegado a mis oídos y estos han puesto a funcionar mi sensibilidad. Conexiones neuronales de las que no tengo idea de su existencia, vibran y se retuercen al compás de una música estremecedora. Y es cuando miro la hora, las doce seis minutos para ser exacto, y mi mente vuela en una melodía perdida.
Nunca he tenido algún tipo de súper poder, no soy lo que otros llamarían un modelo a seguir, pero algo que sí deseé tener alguna vez fue algún talento musical. No lo tengo, y a pesar de mis intentos por la desesperación, a pesar del “nunca te rindas”, llegué a mi límite cuando tomé un instrumento y asesiné a la armonía. No la conocía, pero la pretendía. Todo desaparece en un simple suspiro, tantas cosas que no sé y otras que sí aprendí no son mucho más de lo que existe, una desesperación o grito de ayuda, eso tampoco lo conozco. Lo que sí conozco son mis locas ganas de ser algo, perdurar en el sentido más egoísta, ser un rock Star es una de la muchas maneras que pretendía cuando era pequeño, pero ahora la música toca mi ser, lo hace sucumbir como una guitarra en las manos de un experto, y la vida desaparece.
Alguna vez pronuncié lo siguiente: “soy una cuerda, y dependo de quien me toque. Y tu sacas una melodía en mí que me sorprende”, tal vez será el tiempo o la vejez, no recuerdo textualmente mi cita, tampoco si realmente existió, pero no importa porque quien realmente recitó aquellas palabras, claramente no es la misma persona de hoy con pretensiones de un dios. Y de nuevo vuelvo a la desesperación que sin tapujos ataca en un vaivén atemporal, y es un suspiro que reaparece, es el que hace que pierda la conciencia y me inmersa en un mar de sueños frustrados por estar perdidos. El recuerdo atormenta el alma a tal punto que se transforma en olvido, es por ello que he vivido el sesenta por ciento de mi vida, dejando atrás el dolor y dando la cara a un porvenir que no es mucho más prometedor. La desilusión ataca, y justo en un momento en que me sentía el un todopoderoso, en el ser más afortunado. Al parecer he olvidado, y siento que debo encontrar pero son estos weird fishes los que no me dejan dormir, y me atrapan en un ataque onírico, es la vida de golpe que no permite que ocurra lo que debe ocurrir, o simplemente permite que sí suceda lo que debe de suceder. Mágicamente termina, y como si fuera un sueño comienza nuevamente en su introducción temprana, es como un segundo aliento que esgrime la vida para recordarte que sí existe, y la vida es posible. Todo es posible y vuelvo a ser. Que fluya desde las murallas y continúe por el piso, coqueteando con las ventanas que señas hacen, pero que no son suficientes para desviarlo, y siga su camino hasta mí, y haga remecer recónditos recuerdos bajos los umbrales de lo cognoscente.

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