miércoles, 18 de febrero de 2009

Pero muy buenas tardes

Tengo un dedo menos, lo perdí como suelo perder las cosas a veces: arriesgando cuando sé que algo puede pasar. No es nada extraño, ni poco razonable, tan sólo dejé al lado mi instinto y fui yo (sin instintos), la intuición se ganó un rico vuelo al carajo, aunque las cosas no son tan terribles como el mundo exagerado de Martín Romaña lo hacía parecer. De todas formas, debo admitir que me equivoco con lo último, Martín Romaña sabía lo que hablaba, claro para Echeñique debe de haber sido difícil escribir sobre su vida, y ponerle un título así, ese fue el error, exagerar algo que era, lo que estaba y es narrado por la existencia. Ni una pizca de exageración, no, a eso yo le llamaría realidad. Grotesco a veces, pero quién no es grotesco no es persona. Sí, eso va especialmente para los delicados de mente que pretenden ser livianos olvidando su peso, porque cada pisada que dan en el piso es un grotesco terremoto del terror que sacude la tranquilidad de la paz. Dejemos de caminar y volemos pensarían algunos, pero qué sentido tiene volar si lo que está a nuestros pies nos invita a la unión, un caminar por el sendero que no tiene nada de exagerado, mas si es parte de lo que somos: somos lo que somos. Frase disponible para ser paragrafeada, pero repetida mil veces, fue un desliz de mí para ti lector pasivo.

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