sábado, 24 de abril de 2010

Destilado de búsqueda

Cero y de un momento a otro eres feto. En cuanto feto, pasa el tiempo y sales a la luz amarillenta, pasas a ser bebé. Como bebé aceptas y exiges tus comidas diarias, ríes y lloras por un mundo que no entiendes, desde la seguridad de los brazos (o piernas) de un otro que te acoge.
Así van las cosas, y de tanto comer y moverte comienzas a crecer. Tus brazos y piernas ya no se sienten tuyas, al igual que la protección que tanta satisfacción te entregaba, que no pasa a ser más que una barrera, una que no se puede quitar sino que se destroza.
Cuando finalmente te acostumbras, más por práctica que por un sentido de amor, a tu cuerpo, es precisamente tu mente la que te perturba esta vez. Tanto alimento y ejercicio también cambió a tu cerebro, pero a destiempo, porque si algo provocan los cambios son remezones. Y en algún momento que no alcanzaste a percibir como es debido, el chispazo prendió fuego a la imaginación, y tus pensamiento comenzaron a estar a tres metros de distancia de tu corporalidad.

Buscando solución para la separación de trecientos centímetros, te embarcas en una travesía que parte de la base de "encontrar" ese algo que te ha sido arrebatado por simplemente vivir. Conoces personas, pero no te conectas porque simplemente no se pueden acercar a ti, se encuentran mirando al lugar equivoca cuando te hablan. Pero aún así interactúan, interactúas. Ni tú mismo sabes de la separación de tres metros que te aparta de ti mismo, y te sometes a las condiciones, ante la ignorancia. Continúan hablando, día a día, comida a comida, noche a noche, salida a salida.

Cuando ya pasa un tiempo, es momento de volver, saliste con un objetivo y no pudiste cumplirlo, porque tú no estabas contigo. Vuelves a comer donde antes comías, dormir donde dormías y a compartir con quienes compartías, con el sabor a fracaso desde la boca hasta el estómago. Fuiste en búsqueda de la solución que calmara tu malestar, esa incomodidad que tienes cuando respiras en frente de alguien que mira a tus ojos, pero que no ves ante ti.
Se desfiguran los días, las horas y los minutos, fuiste en una empresa sin resultados para caer en la quiebra. Pero pasado el tiempo sientes, no lo comprendes, pero sientes. Te duele el pecho, te duele la cabeza, pero no donde solía doler en tiempos atrás, esta vez duele cerca, pero no en aquellos lugares.

Recorres tu pasado, piensas en el futuro. Te preguntas qué está pasando, no tienes idea o tal vez sí, pudo ser... Pero es poco probable. Duele, pero no duele allí donde crees, duele más allá. Duele a la distancia, duele en español, duele pero te acercas a ti mismo, no lo sabes, pero lo presientes.
Está latente, eres tú, te encontraste. Surge un problema, no puedes estar contigo, descubres que existe una distancia y es insanable, son tres pasos largos que giran a tu alrededor dependiendo de la situación. Y en vez de luchar, te sometes a tu verdad: creciendo te perdiste a corta distancia.

Ahora recuerdas, revisas tu pasado y piensas en el futuro... tiene sentido, aquellos que sí penetraron en ti no miraban al lugar en donde estabas, pero cómo saberlo, juegas en primera persona. Ya sabes el por qué, aplícate entonces.


{duele porque conociste, compartiste y no miraron en donde estabas. cual conocedor el mundo real, observaron más allá en un mismo instante, mirar tres metros más allá es cosa de práctica y mucho de intuición. extraño gente que dejé atrás por buscar, y extraño establecer profundas relaciones con un chispazo... pero eso es cuento antiguo, tres metros cambian la perspectiva, de todas formas quiero coleccionar personas con una visión desviada de tres metros, en caso de que valgan el desvío}