lunes, 4 de mayo de 2015

Existencia / inexistencia de dios

De vez en cuando leo artículos, quizás llego a los titulares solamente, respecto a la existencia / inexistencia de dios o algo así.

Ya que la vida se trata de nuestras experiencias, me volcaré hacia la autoreferencia: cuando pequeño creía en dios, al punto de que cuando me preguntaron si estaba triste por la muerte de un amigo, a los 8 años, respondí "no, porque está con dios", dejando a todos helados porque esas cosas no se esperan de los niños. Quería ser sacerdote y hacía magia con vasos de agua, servilletas y pan.
Me preguntaron si quería hacer la primera comunión, esto fue luego de que mis padres se separaran. Dije que sí, pensé que iba a tener un contacto con dios al recibir el cuerpo y la sangre. No ocurrió y mi fe se disipó.
Apareció luego la rebeldía y la negación de dios y ese tipo de cosas; humillando a los que creían y jugando a la superioridad.

Más adelante, no recuerdo por qué, pero llegué a cierta conclusión y es la que quiero compartir ahora.

Pensé respecto de la decepción de no haber sentido nada cuando ingerí la comunión, ¿por qué pasó eso? Si no existe un dios, ¿qué sentido tiene la existencia? ¿por qué la gente se esfuerza en crear un dios y adorarlo? Y si esto es así, ¿por qué la ausencia de sentido es tan pesada? Y otras interrogantes, que no recuerdo, pero que me llevaron a pensar que tal vez era yo el que estaba equivocado. Quizás algunas personas así como nacen con la capacidad de querer a otros, tal vez, también nacían con la capacidad de sentir a dios. Independiente de si es un "sexto sentido" o simplemente un sentimiento, lo cierto es que algunos están capacitados para dios, como una experiencia real e incuestionable.

No es necesario que las ideas tengan una expresión tangible para que sean reales, pues las ideas y sentimientos se mueven en la dimensión sensorial y emotiva de la experiencia.

Puede que lo que digo suene hippie o lo que sea, de todas formas hay expresiones físicas de la existencia de deidades en todas las civilizaciones que conocemos y puede que no sea casualidad, puede que un dios habite en el vacío de nuestros cerebros en donde dejamos de reconocer nuestro reflejo en el espejo.

De cualquier forma, en lo personal, guardo un poco de sana envidia hacia quienes pueden sentir a un dios porque sus experiencias de vida no carecen de aquello que, todos los que no estamos capacitados para sentir a una deidad, debemos buscar: el sentido de la existencia.