sábado, 7 de noviembre de 2009

Claro, claro; y sutil

Claro, claro. Como el agua, de una corriente algo turbulenta.
Es la finitud, la pregunta es el principio y la respuesta, claro, el final.
El final es el límite, es una pared infranqueable, es un cajero automático con refuerzo que previene el oxicorte. Y bueno, el intento de un final vendría siendo el alunizaje de la realidad, que choca con la cortina de hierro que recubre sus secretos

Sentí en un momento la urgencia que luego de calmar, en algo las pasiones, solicitaron una auditoría de las sensaciones. Genial, dirán algunos, pero no lo sé. Ellos tampoco lo saben, si lo supieran no responderían las cosas que no saben en vez de articular intentos infructuosos.

Buscar el deseo, desear lo deseable y abandonar lo indeseado; ¿dónde se encuentra el deseo? Porque deseo encontrar lo que me haga desear. La pasión prende chispa en la imaginación y en combustión quedan los absurdos pensamientos. Cuántos de esos no quedaron y solo fueron balas al aire, la verdad es que se han gastado buenas ideas y en su finitud se han ido al infinito, para que luego alguien, de rebote, les atrape y rescate.

¿Desde dónde quiero hablar? Aún no está claro que quiera hablar, pero lo que sí puedo decir es que quiero abrazar la realidad desde el frío satisfecho en los peldaños que llevaban al placer y que ahora son la puerta de salida de ideas que no vienen al caso, pero que en este caso precisamente, pasan a ser las protagonistas de la dulzura de un perfume que ronda en la habitación agotada. Los sustentos están ya algo adormecidos y las ideas siguen brotando, contrariando la lógica del deseo que mediante su supuesta satisfacción agota sus recursos.

El suelo lo sabe, está algo acostumbrado al ritmo particular que cobija como un ente indiferente de la excitación; los pensamientos deberían de estar cansados, agotados, pero no es así. Las ideas no confluyen hacia un lugar provenientes de otros, porque es ahí y en ese lugar que quiero encontrar la idea que prima la realidad. El sabor perdido, el sabor encontrado, el sabor nuevamente perdido. La pregunta cambia, la satisfacción no es el final, sino el principio de ideas embarazosas que cruzan por el tiempo pero no a tiempo.

La biología no me basta para encontrar sentido en la falta de sentido que tiene una idea en su composición química; no me engañes que yo todavía no lo hago, entonces mejor juguemos a divertirnos con las verdades que solo nacen gracias a las presentes falsedades.

Son las ideas que nacen de un buen momento, no sé si esos momentos se multiplican y aplican a otras extremidades que no conozco, tal vez me lo he cuestionado desde donde el deseo lo permite tras la realización, pero eso es solo por y gracias a la realidad de un encuentro mítico que no habla de sacralidades y que tan solo narra la historia de una vivencia de lo realmente sagrado.

Puede que no tenga el don necesario para traer al presente sucesos pasados, pero me calma la idea de construir un mundo de ideas verdaderas amparadas en la realidad y no en la fantasía, un mundo que haga que se estabilice el ensueño del deseo resuelto y el placer por resolver. La cuestión que prima es la gratificación, pero justamente sin gravitar en torno a esa resolución; el espacio de la sutileza tiene un buen sabor que, en lo posible, quiero seguir lamiendo desde su fuente.