jueves, 12 de mayo de 2011

Desde viejos tiempos, a la vida del ahora

Cómo no enfocarnos en lo que nos hizo grandes.

Tuvimos algo preciado, o al menos así nos gusta pensar en el pasado, y ahora frente a las dificultades del presente, ahora rodeados por la gris atmósfera del invierno, ahora es cuando el pasado se presenta en su real significado: pasado.

La retrospectiva enaltece y le entrega sentido a las almas que vagan por el tiempo. El futuro nunca ha sido, pero seguramente será, a su debido tiempo, un mejor pasado que cualquier presente.

El enfoque no está perdido, el enfoque simplemente está jugando. Todo lo condesamos en el carácter lúdico de la vida, vivir es jugar y como personas arrojadas al vivir, debiéramos arrojarnos a jugar.

Juega golpeando la madera, simula ritmo. Juega con tu voz, simula ritmo. Juega con las palabras, simula ritmo.

Inventa juegos, juega con las reglas y juega a inventar reglas. Ve donde puedas y juega con quienes quieran jugar. Consigue personas que quieran jugar o encuentra jugadores en las canciones abandonadas al destino o si tu juego lo permite, juega con las páginas de un libro.

No te tomes el juego demasiado en serio, es un juego y parte de jugar es seguir jugando. Compite en el juego, discute en el juego, pero recuerda el único límite del juego: no puedes dejar de jugar en el juego, por mucho que lo intentes.

El pasado fue un juego, el futuro es un juego por jugar, y el presente… El presente es lo que queda: el juego conjugado. Frunce el ceño, grita, llora, ríe un par de veces y sigue jugando al juego que te corresponde. El tiempo juega con las vidas, el tiempo tiene su propio juego y tal vez no podrás nunca entender sus propias reglas, pero sométete a tu propio juego y olvida el juego del tiempo porque el tiempo también tienen sus límites y rincones desconocidos; así como tu juegas en el tiempo, el tiempo juega en un juego que no le compete, pero es un juego al que está sometido sin concernimiento, mas no si conciencia de jugador, al igual que tú.

Una parte importante del juego, que no debe subestimarse, es que se sigue jugando aún cuando el jugador no quiera jugar o se le olvide que juega.