viernes, 11 de septiembre de 2009

La función hace al nombre

Hierve sobre la piel, en la punta de los dedos del pie: el frío reina sin cabeza ni extremidades, porque si es verdad su presencia en tus manos, lo cierto es que no puedo distinguir. Es un tenor que no canta de avanzada y no lo vuelve a intentar; es un baile que no termina en un coito prematuro y unas cuantas ideas un tanto embarazosas.

La piedra que cumple la función de pedestal se cansó y se marchó, es por esto que la escultura reposa sobre el húmedo césped que ha sucumbido ante el rocío matinal. Y es también claro que la figura que realiza las veces de espejo no comprende la ausencia de la presencia del pedestal cansado. Se largó y no ha vuelto en varios ciclos matutinos, por ello las marcas de la silueta petrificada van entregándose al avance de un moho tormentoso que explota en un rezago de vida donde no existía. Es un anti-recurso que apareció y con el tiempo camufló su exquisitez entre las tierras de pastoreos de una hacienda perdida.

El frío no fue lo suficiente para congelar el movimiento del pedestal, pero sí logró hacerlo pasar desapercibido en su huida en la que la escultura no logró divisar ni palpar, mas sí degustar su ausencia.