martes, 18 de octubre de 2011

Uno que otro demonio

Se juntan en manada.
Oyen, luego opinan, luego oyen y continúan opinando.
Hay un sonido de fondo, son ellos.
Se mueven, respiran y vociferan.

De cuando en cuando sonríen, olvidan su naturaleza.
Piensan en órdenes, estructuras y nunca las ven.
Siguen intentando hacer calzar los planos en las formas, no lo logran.
Luego se alagan y vociferan.

Ven a otro ser, está acorralado.
Sus nervios lo delatan, hay silencios incómodos.
Ellos ríen, es el demonio, hay que humillarlo.
Es el demonio, todo lo que odian.

El deseo de todos: la corporalidad del demonio sufriendo.
Olvidan su humanidad, piensan en su arder.
El demonio no tiene por tener todo lo que no son ellos.
Deben matar al demonio lentamente, es el egoísta por excelencia.

Finalmente humillado el demonio, se sienten satisfechos.
No han notado la humanidad de su demonio.
Nunca quisieron ver al hombre que trastabillaba con las palabras.
Buscaban ver un demonio y lo lograron porque solamente los demonios ven demonios.

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