Un sol habita en tu interior, aunque a veces lo olvides por los nubarrones que cubren tu conciencia. La noche oscura del alma no es más que algo que pasa con el tiempo, puesto que tu sol siempre está.
La certeza de su presencia imborrable debiese ser suficiente para calentar los sentimientos más fríos. Lagartos y camaleones se apilan desesperados buscando su calidez, anhelando de nuevo su presencia. Pero tú lo sabes bien, por mucho que lo olvides, tú lo sabes bien: dentro tuyo habita un sol capaz de dar calidez a quienes se acercan y también de arrasar con las praderas.
El sol, el cuerpo, el movimiento, todas esas son disposiciones, son tus herramientas a utilizar.
Escucha tu cuerpo y muévete con gracia.
Conecta con tu sol y arde.
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