Encuentro en la niebla ideas pertinentes.
Un mordisco con el cual pierdes una extremidad.
¿Tiene el corazón extremos?
El músculo no alberga rincones.
Hallo en una nube sentimientos penitentes.
Dos lamidas te electrifican.
¿Está en la gloria un pie que salta?
El alivio va por parte de las callosidades.
Advierto en la garúa lazos persistentes.
Tres pellizcos te despiertan.
¿Escapar o viajar?
El equipaje selecciona lo que serán nuevos pasados.
Noto en un arco iris promesas pendientes.
Cuatro traiciones adornan y lastiman tu cuello.
¿Van los compromisos muertos al infierno?
El calor alivia el frío de invierno.
sábado, 6 de diciembre de 2014
domingo, 19 de octubre de 2014
lunes, 15 de septiembre de 2014
Buscaba tanto
Buscaba la claridad de una vida en la oscuridad del tiempo.
Y es que no estaba seguro de la vida que llevaba.
Y es que no llevaba la vida de la que estaba seguro.
El tiempo se detiene, se desvanecen quienes te contienen.
Buscaba la tranquilidad en medio de la tormenta.
Fue el paso de la lluvia que mojó la tierra de la que brotan las flores.
Fue la tierra que hizo llover las lágrimas de las flores que brotan.
Te acercas, me acercas.
Buscaba una estrella por la cuál dar la vida.
Recordaste que del aire viniste y te pusiste triste.
Recordaste que te fuiste y nunca me viste.
El citófono doble confunde mentes diestras.
Buscaba el calor del sol en la soledad de la luna.
Perdí el paso del tiempo musical en la espera del amanecer.
Perdí la música del tiempo al amanecer en la espera.
Dónde estás, dónde te encontraré.
Buscaba la existencia y dejé de existir.
Por las noches soñé con el regreso de una musa culposa.
Por los sueños de una musa regresó la culpa.
Soy el futuro, soy el pasado y no me encuentro en el presente.
Buscaba tanto, que olvidé buscarme.
Nadie me va a encontrar si no me encuentro.
Nadie valdrá más si no me encuentro.
Un paso, un segundo paso, y de tiempo voy escaso.
Y es que no estaba seguro de la vida que llevaba.
Y es que no llevaba la vida de la que estaba seguro.
El tiempo se detiene, se desvanecen quienes te contienen.
Buscaba la tranquilidad en medio de la tormenta.
Fue el paso de la lluvia que mojó la tierra de la que brotan las flores.
Fue la tierra que hizo llover las lágrimas de las flores que brotan.
Te acercas, me acercas.
Buscaba una estrella por la cuál dar la vida.
Recordaste que del aire viniste y te pusiste triste.
Recordaste que te fuiste y nunca me viste.
El citófono doble confunde mentes diestras.
Buscaba el calor del sol en la soledad de la luna.
Perdí el paso del tiempo musical en la espera del amanecer.
Perdí la música del tiempo al amanecer en la espera.
Dónde estás, dónde te encontraré.
Buscaba la existencia y dejé de existir.
Por las noches soñé con el regreso de una musa culposa.
Por los sueños de una musa regresó la culpa.
Soy el futuro, soy el pasado y no me encuentro en el presente.
Buscaba tanto, que olvidé buscarme.
Nadie me va a encontrar si no me encuentro.
Nadie valdrá más si no me encuentro.
Un paso, un segundo paso, y de tiempo voy escaso.
viernes, 29 de agosto de 2014
¿De qué se trata?
[En primer lugar quiero aclarar algo: este texto tiene doble militancia. Una vez aclarado este punto, puedo proseguir]
Camino por calles desiertas en las cuales solo habitan bestias de lata. Estas criaturas se rigen, al menos en teoría, por reglas transitorias según las cuales solo el verde, y el respeto, les permiten avanzar.
La vida es temible. Caminas por calles que conocías bien y que ahora pertenecen al pasado. Extraño juego, pues viajas al pasado y te hundes en un mundo incierto y nebuloso. El contacto se desmaterializó hace bastante, pero los diálogos nunca se detuvieron.
El asfalto no tiene memoria, pero tú sí que la tienes. Al recorrer aquellas calles tu corazón late con fuerza, pues tiene miedo. Y al mismo tiempo, tu cerebro pone en marcha la aparición de un sin fin de escenarios en los cuales interpretas todos los roles que eres capaz de concebir.
Imprudentemente un animal de metal pasa, a escasos centímetros frente a ti, cuando las reglas del juego te favorecían, e instintivamente le pateas. Entonces retornas a tú propio espacio-tiempo y te das cuenta de que ni siquiera te permites levantar la cabeza, no vaya a ser que veas a la distancia una estructura que te apuñale en sueños.
Las circunstancias son curiosas y crueles, la inercia es terminar.
Y mientras todo eso ocurre en tus recuerdos, la voz de un infante, que nunca existirá, te habla de lo que es importante en la existencia. En silencio le preguntas a tu esencia: ¿De qué se trata?
Camino por calles desiertas en las cuales solo habitan bestias de lata. Estas criaturas se rigen, al menos en teoría, por reglas transitorias según las cuales solo el verde, y el respeto, les permiten avanzar.
La vida es temible. Caminas por calles que conocías bien y que ahora pertenecen al pasado. Extraño juego, pues viajas al pasado y te hundes en un mundo incierto y nebuloso. El contacto se desmaterializó hace bastante, pero los diálogos nunca se detuvieron.
El asfalto no tiene memoria, pero tú sí que la tienes. Al recorrer aquellas calles tu corazón late con fuerza, pues tiene miedo. Y al mismo tiempo, tu cerebro pone en marcha la aparición de un sin fin de escenarios en los cuales interpretas todos los roles que eres capaz de concebir.
Imprudentemente un animal de metal pasa, a escasos centímetros frente a ti, cuando las reglas del juego te favorecían, e instintivamente le pateas. Entonces retornas a tú propio espacio-tiempo y te das cuenta de que ni siquiera te permites levantar la cabeza, no vaya a ser que veas a la distancia una estructura que te apuñale en sueños.
Las circunstancias son curiosas y crueles, la inercia es terminar.
Y mientras todo eso ocurre en tus recuerdos, la voz de un infante, que nunca existirá, te habla de lo que es importante en la existencia. En silencio le preguntas a tu esencia: ¿De qué se trata?