viernes, 12 de noviembre de 2010

Nada por favor

En un lago de aguas tranquilas pero turbias por el barro, un pez pensaba en qué pasaría si alguien llegara y lanzara a una raya fuera del agua, ¿se agitaría el cielo?

Aquel pez no sabía nada, simplemente nada el pez, pero ese día preciso se preguntó por una raya voladora y con la fuerza de la imaginación sus ojos, que nunca se cerraban, conciliaron la fantasía de un sueño. Por un instante le hizo un guiño a la desesperación y el futuro temió; por un segundo se olvidó de ser pez y persiguió su cola en veloces giros. Una salamandra no lo entendió, el pez tampoco lo supo explicar.

Nada, allí, donde el agua acariciaba sus branquias en inspiraciones agitadas, un pez, una salamandra y una raya que no estaba. Y el cielo, junto al futuro, lo observaban atónitos: el pez tenía una perturbadora ambición que obviaba el rol de cielo como techo del mundo, que ofendía al futuro y su orgullo de planificador.

La salamandra no lo entendió, pero tuvo la impresión de que debía salir del agua. Al hacerlo, pasó a llevar el lodo y un animal ocultó apareció, a ras de suelo se desplazó. El pez lo supo, tenía su oportunidad, mientras el cielo y el futuro no volvían en sí.

La raya, que nada sabía y debía, nadó tranquila tras cerciorarse de que no había depredador a la vista. Sin más que su intención, el pez inspiró la última bocanada de aire antes de arremeter con su nado frenético y la raya, que justo planeaba un poco más arriba del fondo, se vio sorprendida: en un instante fortuito, en que el futuro no cabía, en que el cielo no tenía voz, en un segundo inesperado el pez arremetió en contra de la raya desde abajo y cerrando los ojos no pudo apreciar el fruto de su esfuerzo. Solamente el cielo, el futuro y la raya supieron qué ocurrió aquel día en que un pez desbocado supo fantasear y morir en las fauces de una raya, de un cielo y de un futuro despechados.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Sobre la alegría

Se acuesta muy tarde o se despierta bien temprano, pero nunca descansa poco: la alegría necesita dormir bastante.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Un bosque

El piso está plagado de hojas ya secas, llevan bastante tiempo allí y el agua de la lluvia de hace un par de días ha proporcionado la humedad del ambiente, ambiente propicio para la vida.
Los árboles alaban a la vida, miran hacia el sol a pesar de que sus ramificaciones no llevan a otro lugar que no sean sus ramas; están carentes de esencia, se encuentran vacíos de sentido, pero continúan observando como el sol se posiciona todos los días.
Hoy es una tarde especial, yo lo sé y ellos lo tienen más que claro desde antes de mi entrada en la escena. El café es multicolor, existe alegría y jolgorio, hay rabia y pena, encuentras realidad en las distintas calidades de material, son hojas salvajes y libres. Son árboles responsable, cuidados por el sol y consolados por la luna.
Comienzan los sonidos del anochecer, los árboles se preparan para dormir. Pero no conciliarán el sueño hasta que la luna los vigile maternalmente desde el umbral del espacio.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Pedazo de día

Aires caldeados de ocasiones pasadas son los que aparecen y se fugan en instantes efímeros. Cuesta volver a lidiar con ellos, si es que en algún momento se hizo, aunque siguen fluyen independiente de la posición del sol.

Un animal tiene hambre y no lo sabe, mientras que en la distancia la muerte lo observa de reojo sin tener idea de lo que ve. El perro ladra y alguien le entrega un pedazo de pan algo usado. Hoy no le toca perecer, pero nadie se hará cargo de sus caricias nuevamente.

Ni aunque pudiese me podría hacer cargo de un amigo animal, cargar con la pesadumbre de su muerte el día en que las caricias ya no sean suficientes... Es un reto para el cual no estoy preparado.

jueves, 20 de mayo de 2010